Sólo nada el nadador, porque nunca nada el suicida.
Sol o nada es su elección en el océano de seres.
O sea, no quiere ser ese que es.

sábado, 23 de octubre de 2010

Ella y su muñeca

La llevaba de la mano a caminar por la vereda. Se sentaban juntas en el escalón de entrada. La mecía en sus brazos para que dejara de llorar. Era su pequeña hija de ojazos satinados.
A veces a la noche la veía en la silla, que la miraba con las pupilas grandes. Era su ángel de la guarda que la cuidaba mientras dormía.
Un día jugando en la plaza, se enojó y la tiró contra un árbol. En seguida fue a levantarla y trató de arreglarla. Estaba un poco sucia y un rayón cruzaba su mejilla derecha.
Esa noche no quiso mirarla antes de dormirse, podía percibir de reojo la mirada dura y fría. Durante el sueño tuvo la sensación de que le faltaba el aire, como si algo le succionara su espíritu. Cuando se despertó a la mañana siguiente, comprobó que estaba en la silla de su escritorio y que no podía moverse.

sábado, 2 de octubre de 2010

Amor ahogado

Pensó que el amor no existía. Siempre creyó que ese sentimiento era una expresión de un acto físico. El sentirse penetrada era una invasión que permitía, para incorporar al otro. Sólo se trataba de un control, sobre todo de sus emociones. Gemía y se distendía de placer sin entregar una gota de alma. Durante todo el proceso, era ella la que existía.
Y ahora su vagina se abría sin ser tocada. Los susurros del viento hacían que se inundara su río interior y que fluyera hacia afuera en un afluente sobre sus nalgas, mientras una electricidad se descargaba sobre su piel. Seguía siendo una manifestación corporal, que aturdía su cabeza.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Sillones presidenciales vacíos

Esta vez no fue "Con los ojos tapados". La noche del 28 de junio de 2009 otro presidente había sido secuestrado y asesinado por fuerzas pseudonacionales (en realidad, tropas de una empresa gubernamental extranjera). Conocía ese antecedente y él no iba a permitir ese desalojo.
Cuando lo encararon en la calle, supo que la bala de goma no había sido accidental. Fue una advertencia. Y eso lo envalentó más.
Logra escuchar los gritos del pueblo que llegan del exterior desde que se asomó a la ventana y dijo: ¡Tengan cojones y carguen con un magnicidio! Con la camisa desabrochada se sentó en el sillón presidencial y esperó. Sigue esperando, mientras escucha el griterío, la balacera, los golpes... Sigue sentado al imaginarse los cuerpos civiles en el suelo, la sangre...
Se sobresalta con la puerta que se abre de golpe, pero mantiene la postura. Como presidente o como cadáver.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Y fue ella

Sintió el frío que cruzaba su espalda. Sólo tuvo tiempo para girar la cabeza y ver, por un instante, los ojos de su hermana, mientras caía en el piso también helado. No consiguió elaborar un pensamiento, por lo que su pregunta quedó impresa en su mirada fija.
En el puñal no había rastros de sangre ni las baldosas quedaron teñidas de rojo. La sangre quedó en el cuerpo para mantener la vitalidad del interior avasallado y carcomido por la ira ajena.

jueves, 26 de agosto de 2010

Tiempos blancos

Ya no sé dónde se escondió ese estremecimiento que me invadía cada vez que te miraba a los ojos.
Ya no recuerdo cómo recorrer tu cuerpo con los ojos cerrados para ser invadida por ansias febriles.
Ya no existen sentimientos ni sensaciones plenas.
He quedado vacía sobre la cama.
Son olvidos de muchos cuerpos sin nombres, sin rostros, sin pensamientos, sin almas.
Son presencias que estallan en mi cabeza cuando quiero dormir y se escapan por la puerta entreabierta para merodear por calles inciertas o viajar en vagones vacíos de existencia.