Sólo nada el nadador, porque nunca nada el suicida.
Sol o nada es su elección en el océano de seres.
O sea, no quiere ser ese que es.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Instinto

La loba salió de su cueva y quiere sangre.
Había sido atacada la noche anterior y había mordido. La sangre que se escurrió entre sus dientes la inyectó de un salvaje placer. Sus gemidos se extendieron en la oscuridad; había recobrado su impulso asesino. Sedienta, temblorosa, jadeante inició la búsqueda de una presa.
Ahora olfatea el sabor acre y se dirige hacia las cataratas. Sus huellas se apresuran; sienten la urgencia de clavar sus uñas sobre un cuero tierno, que penetren entre la masa carnosa y se unten en la materia sanguinolenta. Puede percibir sus dientes húmedos antes de llegar sobre el cuerpo, mientras sus ojos amarillos se cierran al contacto placentero de su comida.

2 comentarios:

Ana dijo...

El relato palpita, sangra, se espesa en la descripción caliente y ávida de comida de la hermosa loba. Así, salvaje y primario como el hambre... ¡¡Grande, Virna!!
Espero que pases un buen fin de año y que en el próximo nos encontremos con tiempo para charlar.
Un abrazote
Ana

Hernán Nikolay dijo...

Querida Virna

Gracias, hoy me sirvió de inspiración, para descifrar un sueño.

Con mucho cariño, que tengas un feliz año, que nunca te falte el amor, las oportunidades laborales y el compartir la vida.

Hernán